Sí, entiendo. El miedo a que un latigazo bajista (cada vez más probable) volatilice una buena parte de las plusvalías acumuladas. Es complicado de asumir. A mi esto me pasa menos, porque, como sabes, parte de mi estrategia inversora se basa en la rotación de activos. Cuando tienes un precio de salida fijado, si se gira a la baja antes de acercarse a él por un mercado bajista, psicológicamente aguantas mejor la bajada porque sigues pensando que está infravalorada. E incluso puedes aprovechar para comprar más. Pero, cuando partes de sobrevaloración, evidentemente ese apoyo no lo tienes. De todos modos, sí me pasa a veces, en estrategias a muy largo plazo y, de hecho, me está pasando ahora con un par de valores. En mi opinión, si los precios de entrada son muy bajos, vender es complicado, pero si ver reducidas fuertes plusvalías te desvela, pues entonces es sensato ponerle remedio. Por eso tantos inversores abrazan la solución salomónica: vender una parte que permita realizar plusvalías, però manteniendo otra, de modo que uno mantenga su buena posición inversora en el valor. Tal vez es lo más sensato, desde un punto de vista racional, pero, como te decía, a mí eso me genera otro tipo de desasosiego psicológico. Sólo lo he hecho una vez, y no me convenció el resultado. Otras veces he acabado por venderlo todo, para acabar luego teniendo la oportunidad de recomprar bastante más abajo, pero lejos de los precios originales de entrada. No es una solución óptima, pero a mí, seguramente por algún sesgo psicológico personal, me ha dejado más tranquilo que lo del sabio Salomón. De todos modos, debido a mi estrategia de rotación de activos, yo ahora mismo tengo casi un 30% en liquidez, y en este caso las cosas se ven distintas. Tú estrategia es distinta, lo sé, pero lo traigo a colación aquí para brindar mi conclusión final: uno tiene que terminar haciendo lo que le deje más tranquilo.