El regreso de la inflación: ¿cómo afectará a la economía y al ahorro?

La inflación tiene sus efectos en la economía y, por ello, también puede repercutir en los pequeños ahorradores: aumento del coste del crédito, erosión monetaria, subida de los tipos de la renta fija... Este artículo comenta las consecuencias de la inflación para los inversores.

La crisis sanitaria en la que nos encontramos desde 2020 ha supuesto la necesidad de recurrir a medios de apoyo de la economía nunca vistos hasta la fecha. Los bancos centrales americano, europeo, inglés y japonés han inyectado 6,5 billones de dólares a la economía y a los mercados.
Planes de reactivación económica

Los Estados han activado planes de reactivación récord. Solamente en EE.UU., la Administración Trump lanzó dos planes de reactivación sucesivos de 2,2 billones y 900.000 millones de dólares, respectivamente. Planes que el presidente Joe Biden ha reforzado aún más. Este, además de inyectar 1,9 billones a la reactivación, ha aprobado otro plan ingente destinado a infraestructuras y educación, por valor de 3 billones de dólares.
Si la inflación no va seguida de una progresión de los salarios, los hogares perderán poder adquisitivo.

En EE. UU., los hogares se han beneficiado directamente de una parte de esas ayudas, mediante la concesión de cheques a los hogares. Mientras la vida vuelve a la (casi) normalidad, la demanda va en aumento. Para garantizar su producción, las empresas están aumentando sus volúmenes y encargando más materias primas. Aunque los precios habían experimentado un frenazo brutal en la primavera de 2020, ahora están reactivándose al alza, siguiendo la evolución del petróleo, cuyos precios están por las nubes. En pocas palabras, están aumentando los precios de numerosos productos y servicios.

Y, cuando esta situación se produce sin que al mismo tiempo se dé un aumento del dinero en circulación, podemos decir que hay inflación: teniendo una misma cantidad de dinero, nuestro poder adquisitivo es menor. En otras palabras, el valor del dinero también se reduce.

En este tipo de situaciones los salarios también aumentan, salvo que la situación del empleo esté muy degradada. En EE. UU. no se da esa situación: el empleo está mejorando y los salarios, que se habían reducido en 2020, están empezando a crecer otra vez.

Cuando la inflación está controlada, de manera que el aumento de los salarios sigue regularmente el de los precios de los productos, se puede decir que la situación está bajo control. Cuando no va acompañada de una progresión de los salarios, puede tener consecuencias nefastas para la economía: los hogares pierden poder adquisitivo ya que sus cuentas de ahorros reciben una remuneración insuficiente.

Por su parte, las empresas tienen dificultades para repercutir los incrementos de sus costes en los precios que aplican a sus clientes. Esto significa que sus márgenes de beneficios pueden deteriorarse, mientras que los ahorradores esperan obtener mejores dividendos. Y, si los salarios aumentan demasiado, el país pierde competitividad, lo cual puede frenar las exportaciones. Con objeto de evitar que la inflación sea excesiva los bancos centrales suelen intervenir para regularla aumentando los tipos de interés: con ello, se encarece el coste del crédito.
La inflación encarece el coste del crédito

Tradicionalmente, la inflación afecta a todo tipo de ingresos, lo cual es motivo de preocupación. Los activos se preguntan si el aumento de los salarios seguirá el de los precios. Y los ahorradores deben encontrar una remuneración para su patrimonio suficiente como para cubrir la inflación, sin empobrecerse. La inflación es buena para los deudores: el valor nominal de su deuda sigue siendo el mismo, pero el valor real de su deuda se reduce. Por el contrario, el encarecimiento del crédito pone contra las cuerdas a los Estados y las empresas endeudadas. 

El regreso de a inflación ya se ha producido en EE. UU.: en mayo de 2021, alcanzó el 5%. Una situación «transitoria» según la Reserva Federal: para los economistas del banco central americano se trata sobre todo de una recuperación post-COVID. El presidente de la Reserva Federal, Jérôme Powell , ha anunciado su intención de aminorar el ritmo de sus compras de títulos en los mercados… sin precisar, por el momento, tal ritmo.

Aunque las cifras dan menos vértigo en Europa, los especialistas las siguen muy de cerca: 750.000 millones de euros para la Unión Europea. Asimismo, cada uno de los Estados está implementando otras medidas (100.000 millones de euros en el caso de Francia, por ejemplo). La inflación llegó al 2% en mayo de 2021, el objetivo del Banco Central Europeo (BCE). 

Y Christine Lagarde, la presidenta del BCE, sigue la misma línea de actuación que Jérôme Powell: dado que la inflación es transitoria, las medidas de apoyo monetario seguirán adelante y no cabe esperar una restricción muy acusada de las condiciones de acceso al crédito. 

Sin embargo, varios miembros del BCE abogan por una ralentización de las compras de activos con el fin de contener la inflación. A la cabeza de este grupo están los alemanes. La inflación en el país germano llegó al 2,4% en mayo de 2021 y debería aumentar de aquí a finales del año 2021. Cabe recordar que Alemania no ha superado el trauma de la crisis inflacionista de los años 20.

Ahora la gran pregunta para los inversores ya no es saber si la inflación se va a producir, sino cuánto va a durar. 
Cuestiones esenciales a tener en cuenta

  • Los planes de reactivación de los Estados y los planes de acción monetarios de los bancos centrales han tenido un efecto inflacionista.
  • Por el momento, la inflación es moderada a ambos lados del Atlántico y los presidentes de los bancos centrales afirman que se trata de una situación transitoria.
  • Algunos temen que la inflación venga para quedarse, encarezca de forma permanente el coste del crédito y provoque una caída del poder adquisitivo de los hogares y las empresas.

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