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Cada inversión en bolsa es como un primer día de colegio

4 recomendaciones

 

Todos guardamos recuerdos de nuestra etapa escolar. Aquellos veranos interminables y la vuelta al colegio o instituto en septiembre. Los días anteriores preparábamos los libros, los cuadernos y el estuche, pero para lo que no nos preparábamos era para los nervios y la incertidumbre. ¿Seguirían igual los compañeros del año anterior? ¿Quiénes serían los nuevos nombres que aparecían en la lista? ¿Con quién me tocaría sentarme? ¿Y los profesores? Todo ello entremezclado con las recomendaciones de padres del tipo: “este curso no va a ser tan fácil como el anterior”, “te va a tocar estudiar más para no repetir”, “las matemáticas de este año no tienen nada que ver con las del pasado”. También el veneno puro que te traía un compañero en forma de rumor: “uno del otro año me ha dicho que esta asignatura es imposible”, “el año pasado sólo aprobaron tres de toda la clase”, o “con esa profesora dicen que no aprueba nadie”. En realidad, más que recomendaciones o rumores eran amenazas, y más que servir de precaución servía de preocupación, pues añadían más incertidumbre a la ya habitual de los días previos al inicio del curso.

 

Si la preparación del material del curso y nuestra mejor actitud para hacer amigos y aprobar las asignaturas fuera el análisis de una compañía previo a la inversión, los rumores y recomendaciones serían el ruido de mercado. Lo que siempre se mantiene inalterable es la incertidumbre, haya ruido o no.

 

Pero los niveles de incertidumbre no son constantes. No es lo mismo llegar el primer día a una clase donde nos esperan los mismos compañeros del año anterior, que llegar a una clase llena de gente desconocida. Y no es lo mismo que esos desconocidos se conozcan del año anterior, a que esos desconocidos también lo sean entre sí.

 

Si buscásemos un símil en bolsa para aquello que genera los distintos niveles de incertidumbre, lo encontraríamos en la experiencia o conocimiento previo que cada inversor pudiera tener de la empresa o sector en cuestión. Está claro que haber vivido situaciones parecidas con un valor o un sector nos puede proporcionar pistas con las que interpretar el presente, pero nada asegura que eso vaya a servir de algo al final.

 

La bolsa, a diferencia del primer día de clase, puede llevarnos a cometer errores por la más que posible divergencia entre la incertidumbre que percibimos y la realidad que nos vamos a encontrar después. Y esto es así porque el funcionamiento de las empresas y el mercado se puede ver afectado por muchas más variables que las que pueden incidir al inicio de un curso académico. Después de todo, el primer día de clase solía ser más o menos como habíamos imaginado.

 

El principal inconveniente de la incertidumbre es que la mayoría de las veces es injustificada. En la propia naturaleza humana está el sentir incertidumbre cuando algo escapa a nuestro control, y no es tan malo que sea así, pues nos induce a tomar precauciones para sortear con éxito los obstáculos que pudieran aparecer en el camino. De esta forma, estudiamos para tratar de superar la incertidumbre de un examen, o entrenamos para superar la incertidumbre de una competición deportiva. La propia acción de prepararse lo máximo posible para superar los obstáculos que puedan venir debería eliminar progresivamente el componente de la incertidumbre, pero eso, en la mayoría de casos, no suele ser lo más habitual. Lo más habitual suele ser que, cuanto más preparado se encuentre uno, más consciente es de los problemas a los que se va a tener que enfrentar, y más preocupación le va generar la incertidumbre de no saber el resultado final. De ahí, la típica expresión de que “la ignorancia es felicidad”. Todos recordaremos lo relajados que llegaban a los exámenes aquellos que no habían abierto el libro, y lo inquietos que llegaban aquellos que llevaban días estudiando. “¿Por qué te pones nervioso si te lo sabes todo y después siempre sacas nota?”. Porque el que se lo sabe todo se ha esforzado, y querría poder controlar aquello que le preguntan. Pero eso no está a su alcance. A su alcance sólo está prepararse lo mejor posible. Por esta razón, el nerviosismo y la preocupación sólo debería llegar hasta el momento en que cierre por última vez el libro antes de entrar al examen.

 

Como ejemplo evidente de lo injustificado que es la incertidumbre cuando uno se ha esforzado previamente por minimizarla, pensemos en cómo conocimos a nuestros amigos más cercanos. El que hoy es nuestro mejor amigo, algún día fue un desconocido dentro de una clase o de un lugar de trabajo al que llegamos por primera vez. ¿Y no resulta ridículo pensar que un día sentimos preocupación e incertidumbre por la posibilidad de encontrarnos por primera vez con el que hoy es casi como un hermano? ¿Por qué debíamos estar preocupados? Preocupado debería estarlo quien no quiere o no es capaz de relacionarse con los demás, quien no respeta a las personas o quien trata de manipularlas en su beneficio. En definitiva, quien no entiende lo que es la amistad ni es capaz de llegar a ella. Pero se da la paradoja de que suelen ser los que menos se preocupan por ello, y aquellos más predispuestos para la amistad son los que más se agobian ante lo desconocido.

 

Aplicando lo anterior a la compra de acciones, quien debiera sentir el nerviosismo de la incertidumbre es aquél que no se ha molestado en prepararse, quien no ha estudiado la acción ni el sector, quien no entiende el funcionamiento del mercado o quien compra guiado únicamente por consejos. Y se da la misma paradoja, pues suelen experimentar menos incertidumbre que aquellos que se preparan de verdad para los obstáculos analizando las compañías al detalle.

 

El único consuelo es que el tiempo acaba poniendo a cada uno en su sitio.

 

  1. #1
    Buso

    Y, en ocasiones no has estudiado o has entendido mal algo y sacas un CERO...

    Pero siendo aplicados no hace falta ser los más aptos para PROGRESAR ADECUADAMENTE...

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