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Las elecciones en EE.UU. y su efecto sobre el comercio con Latinoamérica

Nos encontramos frente a las elecciones más polémicas y reñidas del gigante norteamericano en décadas. 

 

Por Álvaro Jéldrez

No es necesario ser un gran conocedor de política internacional para apreciar que nos enfrentamos a las más fieras y contenciosas primarias estadounidenses en un largo tiempo. A la fecha de hoy, los actuales contendientes son Donald Trump, Ted Cruz y John Kasich por el lado republicano, y Hillary Clinton y Bernie Sanders por el demócrata.

En el ámbito republicano es dónde más polémicas se han generado a lo largo de estas elecciones. La competencia partió con 17 candidatos, el mayor número de contendientes para una primaria presidencial en la historia de Estados Unidos. Para marzo de este año, ya sólo se mantenían en pie las candidaturas del multimillonario empresario de bienes raíces Donald Trump; el senador por Texas, Ted Cruz, y el actual gobernador de Ohio, John Kasich. De estos, sólo el primero tiene alguna posibilidad de alcanzar el mínimo número de delegados necesarios para ser el representante del partido en las elecciones de fin de año. Actualmente, Trump cuenta con 957 delegados, y el mínimo para alzarse como ganador en la convención de Cleveland es 1.237. Mucho más atrás están Cruz con 546, y Kasich, con sólo 154 (habiendo ganado solamente la primaria de su estado).

¿Por qué entonces siguen en la carrera estos otros dos contendientes? Es bastante claro: ambos desean presentarse como la opción del GOP (Grand Old Party, por sus siglas en inglés, nombre común para el partido republicano) en un momento de crisis, y adueñarse del sentimiento anti-Trump que se ha asentado en los cabecillas del partido y en buena parte de su tradicional electorado (casi 20% de los republicanos dicen que preferirían votar por Clinton que por Trump). Cruz y Kasich apuestan porque el empresario no consiga el mínimo de delegados requeridos por el partido y se lleve a cabo una “convención abierta”, lo que significaría que los delegados no estarían obligados a votar por el candidato por el que fueron elegidos, sino que puedan votar por cualquiera de los candidatos e, incluso, por una persona que ni siquiera haya participado en las primarias (se rumorea que Paul Ryan, actual líder de la Cámara de Representantes, es el candidato de los jefes del partido).

¿A qué se debe entonces este rechazo casi generalizado a Trump, tanto en las altas esferas del partido, como en buena parte de sus correligionarios? Su campaña ha estado plagada de controversias y polémicas. Entre sus dichos y promesas de campaña ha declarado que los inmigrantes mexicanos “traen drogas, crimen y son violadores”; que va a cerrar las fronteras para todos los musulmanes; ha afirmado que construirá una muralla a lo largo de toda la frontera con México y que hará que los mexicanos paguen por ella. Además ha prometido que deportará a cerca de 11 millones de inmigrantes ilegales y ha atacado constantemente los tratados comerciales de su país que, según él, le han hecho perder millones de trabajo a los estadounidenses. Por esto, ha sido un férreo opositor al libre comercio de su país, siendo el principal foco de sus ataques China y el NAFTA (North American Free Trade Agreement, por sus siglas en inglés).

Adicionalmente a todas estas polémicas promesas, Donald Trump se ha ganado una fama de misógino y racista producto de sus dichos. Todo esto ha molestado a buena parte de su partido y alienado a muchos potenciales electores.

Sorprendentemente, esto no ha evitado que el candidato continúe en camino directo a ganar la primaria, y, de hecho, haya arrasado en las últimas elecciones sostenidas en el noreste del país (con números sobre el 60% de adhesión).

Por su parte, en el lado de los demócratas, las aguas se encuentran relativamente tranquilas. Hillary Clinton lleva una cómoda ventaja en la cantidad de delegados, contando actualmente con 1.665 delegados comprometidos (esto es, sin contar los superdelegados), versus los 1.370 de Bernie Sanders. Pese a la arremetida que tuvo éste último en algunas primarias del medio-oeste norteamericano, y parte del norte del país, todas las encuestas indican que Clinton debiera ganar con tranquilidad los 2.384 delegados necesarios para ganar la nominación de su partido. Además, los demócratas cuentan a su favor con un partido unido y que, pese a los debates y divergencias, ha salido fortalecido con las primarias, a diferencia de los republicanos, los que, por culpa de las fuertes refriegas e intercambio de declaraciones de sus candidatos, actualmente tienen un partido extremadamente dividido.

Mas la competencia de Clinton con Sanders no ha estado exenta de un duro intercambio de visiones. Bernie Sanders, un autoproclamado socialdemócrata, ha sido casi igualmente duro con la estrategia comercial de su país que Donald Trump. Al igual que este último, Sanders cree que los tratados de libre comercio que ha firmado EE.UU. han ido en detrimento de su economía y les ha costado millones de trabajos al país. Así pues, Sanders y Trump tienen en común una fiera posición en contra del libre comercio y de los grandes tratados comerciales, y han encontrado un fuerte apoyo en las bases que largamente creen que efectivamente el actual estado de la economía les perjudica gravemente.

¿Cómo afecta esto a Latinoamérica?

Lo más probable es que para noviembre nos encontremos con una refriega entre Hillary Clinton y Donald Trump; así lo parecen indicar todas las encuestas. Más allá de que, dada esta competencia, Hillary parece estar en mejor pie para enfrentar las elecciones generales, es necesario observar qué ocurriría en ambos escenarios.

Clinton, a diferencia de su adversario, tiene una posición más tradicional con respecto al comercio, y su pasado como Primera Dama, Senadora y Secretaria de Estado la hace más idónea para el cargo al frente de la principal potencia mundial.

Pero, debido a su actual competencia con Sanders, Hillary ha debido ir cambiando y adecuando sus propuestas. Por ejemplo, pese a que inicialmente abogaba firmemente por el tratado TPP (Trans-Pacific Partnership), un tratado comercial entre doce naciones del Océano Pacífico (entre los que se encuentran Chile, México y Perú), las fuertes críticas de su oponente la han llevado a tomar posiciones más proteccionistas y se ha vuelto más ambigua con respecto a los temas comerciales.

Aunque es improbable que Bernie Sanders se transforme en el representante de los demócratas a fin de año, su candidatura ha logrado poner varios temas sobre la mesa, como el aumento de la Seguridad Social y su rechazo a nuevos tratados comerciales, así como la idea de imponer mayores tarifas e impuestos a los productos importados, como una manera de proteger la industria local y los trabajos que esta genera.

Para Trump el camino es claro. Desde el ingreso de China a la Organización Mundial de Comercio, afirma que se han cerrado más de 50.000 fábricas en EE.UU. y se han perdido decenas de millones de trabajos. Ha afirmado que impondría una tarifa de un 45% a las importaciones de China. Y es de temer que no se quedaría ahí. Ya ha repetido numerosas veces que quiere devolver a su país los empleos perdidos por las importaciones desde México, por lo que no sería raro que decidiera imponer mayores impuestos a estas transacciones y, quizás, en su impulso proteccionista, aumentar las tarifas a todas las importaciones. Dada la visión actual que tienen muchos estadounidenses frente al comercio internacional, esto dejaría contento a muchos americanos que se sienten perjudicados por la situación actual.

Por otra parte, Bernie Sanders, ha atacado frecuentemente el NAFTA, diciendo que le ha costado a EE.UU. más de 850 mil trabajos “bien pagados”. Y también ha señalado al comercio con China como una de las principales razones de la pérdida de trabajos. Pese a que es improbable que su candidatura llegue a la elección general, sus propuestas han hecho mella dentro del partido y sus seguidores, apelando al proteccionismo de los puestos laborales.

Sea quien sea el próximo presidente de EE.UU., la tendencia que observaremos será sesgada hacia el proteccionismo. El congreso del país tiene dos años para ratificar el TPP, y actualmente ninguno de los candidatos parece inclinado a apoyar el tratado derechamente, siendo Hillary su última defensora, sus últimos dichos parecen suponer que no es políticamente viable un férreo apoyo a la medida. Si las visiones de los candidatos se empiezan a reflejar en su congreso, lo más probable es que veamos un retroceso en el comercio mundial de la nación más rica del mundo, y los principales perjudicados serán el comercio con China y el NAFTA. México probablemente pagará el precio más caro si es que se hacen realidad los aumentos de tarifas y el mayor control inmigratorio. Claramente, la situación se hace mucho más severa si el presidente elegido es Donald Trump, quien desea imponer tasas draconianas para desincentivar las importaciones y traer empresas de vuelta al país.

Malas noticias para el comercio mundial, que se ha visto altamente favorecido en las últimas décadas con la apertura de las fronteras. Los electores estadounidenses tienen hoy la última palabra en noviembre de este año: si EE.UU. sigue siendo la principal fuerza detrás de los tratados comerciales y el libre comercio, o si toma un giro de 180° y se vuelve un estado proteccionista. Habrá que esperar y ver.

 

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