Fidelity: Una nueva era para la inversión en bonos

Fidelity: Una nueva era para la inversión en bonos

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La crisis financiera de 2008 y los continuos problemas de deuda pública en la zona euro han alterado el  panorama de la inversión en renta fija. El riesgo-país se ha convertido en el factor determinante del  riesgo en las carteras de renta fija europea y mundial y, en general, en una influencia de primer orden  en los mercados financieros.  

riesgo pais

 
Los inversores en bonos se están viendo obligados a replantarse sus concepciones tradicionales sobre el  riesgo. El concepto "sin riesgo" se ha resquebrajado y la combinación actual de estados endeudados, malas  perspectivas de crecimiento económico y bajos tipos de interés parece que se convertirá en un trasfondo  familiar a la hora de invertir en los mercados de capitales.  
 
El nuevo paisaje del riesgo presenta amenazas y oportunidades. Sin embargo, los inversores deben hacerse  preguntas importantes sobre qué quieren de sus carteras de bonos. El riesgo-país está alentando un  distanciamiento de los índices de referencia tradicionales basados en la capitalización hacia alternativas más  flexibles. También estamos presenciando una reevaluación del riesgo crediticio de las empresas con respecto a  los países y, en este sentido, cada vez más inversores acogen favorablemente la idea de que los bonos  corporativos pueden evolucionar mejor que los gobiernos. En esta línea, la deuda de los mercados emergentes  merece más atención.  
 
 
Las medidas anticrisis tomadas por los gobiernos desarrollados y los bancos centrales han inflado  espectacularmente las ratios de deuda-PIB en todo el mundo, dejando a algunas economías —como Grecia—  en una espiral negativa. En la periferia de Europa, el precio del riesgo-país se ha revisado acusadamente al  alza. Entretanto, los tipos de interés y los rendimientos de los bonos en algunas partes del mundo desarrollado  consideradas como las más sólidas desde un punto de vista económico y presupuestario han caído hasta  mínimos históricos, elevando así el precio de la seguridad (véase gráfico).
 
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De hecho, los tipos de los bonos de  los países más importantes han tendido marcadamente a la baja desde 1982, si bien el margen para que esta  tendencia continúe está hoy claramente limitado por los bajos rendimientos actuales.  
 

El problema de los activos refugio

En los últimos 2 años, hemos asistido a una brutal reducción del 70% en el grupo de activos sin riesgo. 
 
1 En  agosto de 2011, la calificación de la deuda pública de EE.UU. perdió la triple A y a este hecho le siguieron los  recortes de la calificación crediticia de Francia y Austria. El 68% de las economías estaban calificadas como  AAA a finales de 2007, mientras que a finales de 2012 este porcentaje ha caído hasta el 53%.
 
El FMI cree que  para 2016 la oferta de "activos seguros" se habrá reducido en otros 9 billones de dólares. La seguridad se ha  convertido en una característica que puede perderse muy rápidamente si la percepción del mercado se  deteriora. 
FMI
 
La reducción del universo de activos considerados seguros (combinada con una mayor demanda) ha tenido  como efecto un considerable encarecimiento del precio de la seguridad. También ha suscitado inquietudes  relacionadas con la masificación, ya que los inversores han entrado en masa en un menguante puñado de  activos "refugio" de deuda pública, como los bonos del Tesoro de EE.UU., los bunds alemanes y la deuda del  gobierno suizo.  
Los bonos del Tesoro de EE.UU. se han convertido en una apuesta cara y masificada y se está intensificando  el debate en torno a la posibilidad de que se haya acabado el mercado alcista a largo plazo y vaya a comenzar  ahora un mercado bajista. La posición de los bonos del Tesoro de EE.UU. como inversión refugio se ha  mantenido relativamente, a pesar del doble déficit del país y la degradación de su calificación crediticia.
 
De  hecho, la volatilidad provocada por el recorte de la nota de EE.UU. se tradujo en nuevas entradas de capitales  (en lugar de salidas) en bonos del Tesoro estadounidense. El autor Jim Grant captó el ánimo de muchos  inversores cuando señaló que los bonos del Tesoro de EE.UU., que tradicionalmente habían sido un activo "sin  riesgo", ahora ofrecían "riesgo sin rentabilidad".  
 

Las carteras con "los mejores emisores"  

El imperativo es claro para que los inversores consideren una exposición más amplia a bonos de calidad más  allá de los emisores públicos tradicionales. Al ampliar el universo, podemos crear carteras diversificadas y de  calidad basadas en los mejores emisores de los mercados de deuda pública y deuda corporativa.
  • En primer  lugar, si incluimos países que destacan por su solvencia, su liquidez y la fortaleza de su divisa, como Australia y  Canadá, podemos crear una diversificación sensata e introducir monedas que reduzcan el riesgo total de la cartera. 
  • En segundo lugar, podemos incorporar los bonos de alta calidad crediticia emitidos por multinacionales  como Procter & Gamble y Johnson & Johnson. Estas empresas se benefician de un alcance internacional en lo  que respecta a los riesgos nacionales, así como sólidos flujos de caja y balances saludables.
 
Ofrecen un perfil  crediticio con menor riesgo que muchos estados y permiten a los inversores compensar la concentración del  riesgo-país. El enfoque de "los mejores emisores" requiere contar con amplios recursos de análisis crediticio de  gobiernos y empresas, y un diseño de carteras inteligente en el que las necesidades estén adaptadas al grado  de tolerancia al riesgo de los inversores.  
 

Conclusión 

Los inversores en bonos están teniendo que ajustarse a un entorno de riesgos y rentabilidades muy diferente a  la vista de la crisis financiera y de deuda pública. Durante los próximos 10 años, las rentabilidades reales de  la inversión en deuda pública probablemente se sitúen por debajo de la media.
 
La deuda y la reducción del  apalancamiento seguirán siendo factores muy poderosos durante la próxima década a medida que los  gobiernos endeudados, liderados por EE.UU., realizan esfuerzos por reactivar sus economías.
 
La Reserva  Federal de EE.UU. dejó clara la magnitud del problema, así como su voluntad para afrontarlo, cuando anunció  que su última ronda de medidas cuantitativas (QE3) no tendría tope y continuaría hasta que la recuperación se  consolidara.
Este nuevo entorno obliga a los inversores a replantearse la inversión en renta fija. Los inversores deberían  revisar los riesgos y las rentabilidades que esperan y cuestionar los índices de referencia y las carteras en las  que han invertido.
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Los enfoques tradicionales de la inversión en bonos basados en reglas se han visto  socavados, y la percepción de que las agencias de calificación de riesgos daban a las inversiones un  marchamo de seguridad se ha debilitado. Los recortes de las calificaciones crediticias, generalmente mucho  después de que los precios de los bonos se hayan deteriorado considerablemente, se han convertido en una  característica recurrente de los mercados de capitales en los últimos años.
 
A la hora de configurar carteras de bonos, la capacidad para discriminar los riesgos, un enfoque fundamental y  activo de la selección de títulos y poner el acento en la diversificación y la flexibilidad son un conjunto de  herramientas que ayudan a evitar grandes perturbaciones. Por fortuna, la profundidad y diversidad del mercado  de renta fija puede recompensar enfoques más flexibles a la vista de las grandes oportunidades que brindan  los bonos corporativos, de alto rendimiento y emergentes a los gestores que seleccionan títulos mediante el  análisis ascendente. Las carteras formadas por los mejores emisores o los fondos flexibles y estratégicos  pueden ser soluciones atractivas para los inversores que buscan flujos de rentas pero no desean incrementar  el riesgo de forma considerable.  
 
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