La avaricia y el autoengaño empresarial

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La avaricia empuja a querer ser rico, y la mejor manera de parecer rico es endeudarse.  La deuda lleva a las economías a una trampa mortal, tal como lo demuestra la historia una y otra vez.  Así como los gobiernos pueden padecer crisis por la avaricia, así también la avaricia en las empresas constituyen una trampa mortal que expone a los negocios a la ruina.

El poder absoluto

La periodista investigadora Bethany McLean que desenmascaró el escándalo de Enron, habla para RSA (Video: The Hidden History of the Financial Crisis).  Cuenta cómo ella miró en otra dirección en una época en que los diarios querían contar historias frívolas de éxito de millonarios. Ella entendió que hay una diferencia entre una gran empresa y una gran historia, la diferencia entre lo que le dicen en el mundo financiero y lo que realmente sucede.  Aunque las finanzas parecen ser acerca de números, en realidad una crisis es acerca de la gente que crea los números.

Parece que igual de malo es que exista un monarca con poder absoluto en un país (ya sea un rey, un primer ministro o presidente, o un banquero que depone presidentes), como es malo que en una empresa, una sola persona pueda tomar decisiones sin una adecuada supervisión ética de un ente independiente dentro de la misma compañía.  Y también expone el peligro de que no haya buena comunicación entre empleados y gerentes, de modo que los problemas se anuncian a la gerencia cuando ya son inevitables.

La separación de poderes viene de Roma.  Sin embargo, si hubo una revolución francesa republicana para abolir la monarquía en la antigüedad, esta ocurrió en la antigua Roma, antes de que fuera república, y estableció las bases de una separación de poderes donde nadie tendría el poder absoluto.  Roma era una monarquía. El último rey de Roma, Tarquinio el Soberbio, utilizó la violencia, el asesinato y el terror para mantener el control sobre Roma como ningún rey anterior los había utilizado, derogando incluso muchas reformas constitucionales que habían establecido los que le precedieron (Democracia no, feudalismo en España). 

Cualquier parecido con las reformas inconstitucionales que la UE exige a Grecia o Italia, son mera coincidencia (Video: Catastoika).

En Roma, tras el derrocamiento de Tarquinio, viene la separación de poderes.  La revolución francesa también se origina a partir del abuso del poder absoluto, lo que se hizo llamar ideología republicana (que se oponía a la existencia de monarquía) y liberalismo (que se oponía al control del mercado).

Sin embargo, la astuta manipulación de las palabras por parte de los amantes del poder absoluto ha hecho que hoy el neoliberalismo sea el opuesto del liberalismo.  El liberalismo defiende que NADIE controle el mercado.  NADIE significa nadie, ni los monopolios, ni los oligopolios, ni tampoco los gobiernos.  Sin embargo, en la actualidad el control está en manos del monopolio financiero (El monopolio de la banca y la abolición del capitalismo).  Y con un neoliberalismo que defiende los intereses de la banca, donde el gobierno títere de la banca es intervencionista al punto de que en España hoy y Argentina ayer (Video: Memoria del saqueo), esa intervención del monopolio bancario donde el gobierno títere hace el trabajo sucio, hunde en la miseria a toda la economía real.  De esta forma, en España hoy hay monarquía bancaria, y en Argentina hubo colonialismo financiero.

Dentro de las empresas, con una estructura jerárquica que se asemeja mucho a la monarquía, tiende a haber poca rendición de cuentas por parte de los jerarcas, que por muchas razones pueden no estar alineados con los intereses de los accionistas, sino con un interés personal de hacerse rico a costa de accionistas y de la compañía.  Y de hecho el mercado está diseñado para favorecer a los jerarcas y no a los accionistas, de modo que los accionistas sólo se enteran de lo que ocurre dentro de las compañías en las noticias, y no porque los empleados les hablen de lo que ocurre, como debería pasar con cualquier empresa que tenga dueños que ponen a un administrador a cargo de su mediana empresa.  Las reglas del mercado favorecen el secretismo de los administradores frente a los dueños, y las cláusulas de confidencialidad firmadas por los empleados les impide contarle a los legítimos dueños, lo que el administrador hace con su dinero y su compañía.  El poder absoluto es tan perjudicial para las naciones como lo es para las empresas y sus accionistas.

El engaño de la avaricia

Y aunque la avaricia se anuncia como buena para los negocios, en realidad la avaricia conduce al autoengaño, y luego al fracaso.  Exponerse a las hipotecas fue una moda, empujada por la avaricia.  El éxito sostenido empujaba una autoconfianza que impedía ver los riesgos.  ¿Cómo se le dice a alguien que está ganando mucho dinero que está a punto de irse a la ruina?

La manera de reconocer una burbuja es cuando la gente compra porque los precios suben, y los precios suben porque la gente compra.  Es decir, no se trata de la demanda normal, que compra una cosa porque se ocupa, porque es útil para algo.  Muchos compraban casas con dinero prestado, simplemente esperando revenderlas cuando subieran de precio, porque creían que podían subir eternamente, la misma historia que sucedió en 1929 con las acciones.  Cámbiese las casas por acciones, y pasa de 2008 a 1929, un cuento de crédito desregulado, y empresarios que motivados por la avaricia, no querían ver que se estaban disparando en el zapato.

Ausencia de rendición de cuentas

También están los reguladores y calificadoras que por un poco de dinero se hicieron de la vista gorda frente a la realidad.  Los bancos islandeses y los créditos subprime tenían calificación de AAA.  Cuando la regulación falla, ya sea la regulación estatal (auditoría de la institución, contraloría nacional o entes reguladores) y falla la regulación interna de las compañías (auditoría, o el ente que vigila la ética intracompañía), y la avaricia toma el control, vienen las crisis. 

España es un caso donde los ciudadanos carecen de mecanismos para hacer rendir cuentas al gobierno, porque la ley de transparencia es muy deficiente y permite el secreto de las cuentas públicas.  Y en el caso de EEUU los reguladores se pasaban el tiempo viendo pornografía en el trabajo, en lugar de hacer el desagradable, "socialista" e impopular trabajo de regular a los que estaban ganando mucho dinero con la burbuja.

La corrupción no es otra cosa que ausencia de rendición de cuentas, ausencia de orden, donde los que gozan de un poco más de influencia gozan de inmunidad en las sombras, es decir, un estado de anarquía, en presencia de un gobierno, porque el dinero nunca llega a concretarse y materializarse en las obras que el gobierno debe realizar para su pueblo, en un plazo y con costos razonables.  La corrupción en la esfera política es requisito para el surgimiento de la monarquía bancaria.

Existen casos de gobiernos que se negaron a someterse a la monarquía bancaria, al colonialismo financiero.  Los efectos de sabotaje de la producción, una suerte de bloqueo comercial empujado por los defensores de la monarquía, empujaron crisis, pero nunca fueron tan duras como la de los países que se sometieron a la voluntad de la monarquía.  Es muy duro para un político decir no, porque el facilismo les empuja a ser amigos de los ricos, en lugar de ser amigo de los pobres.  Cuando se es amigo de los ricos, el saqueo se llama "sacrificio necesario", pero cuando se es amigo de los pobres, el sacrificio que se pide a los ricos se llama "comprar a los pobres".

Corolario

Cuando miras la manera en que operan internamente, a nivel jerárquico y logístico, los gobiernos y las multinacionales, descubres que funcionan muy parecido, y que las mismas fuentes de ineficiencia ocurren en empresas y en gobiernos, en virtud de su tamaño.  Y los problemas de mal manejo tienen efectos muy similares.

Entender los problemas que enfrentan los gobiernos permite entender también las debilidades de las multinacionales.  Sin embargo, con el fenómeno de la deslocalización, las multinacionales tienen una debilidad adicional, por la ausencia de consistencia, la pérdida de know-how, y las brechas de seguridad causadas por el cambio constante.  Es como si un país externalizara a sus ciudadanos.  Imagínate que de pronto mandamos a los estadounidenses a Júpiter y repoblamos a los EUA con gente de la India.  ¿Cómo funcionaría EUA?  Debido a la idiosincrasia, probablemente EUA terminaría siendo la India occidental que Cristóbal Colón andaba buscando, y el Mississipi sería el nuevo río Ganges.  Las multinacionales son países virtuales, grupos de personas con una cultura, de modo que su cultura se ve modificada por los constantes cambios de nacionalidad originados por las deslocalizaciones. 

Por supuesto, los numerólogos financieros no entenderán esto, y pensarán que igual da un trabajador de España, Argentina, o uno de India.  En India el 40% de la gente no tiene luz eléctrica y ya tuvieron que rescatar a la eléctrica estatal.  En España tienen la electricidad más cara de Europa con un obierno dirigista que empuja hacia la recesión.  En Argentina tienen un experimento económico que surge como reacción al dirigismo colonial del FMI que usó al gobierno títere corrupto de los 1990s, para hundir ayer a los ciudadanos argentinos igual que España hoy.  Pero eso son sólo números, no idiosincracias nacionales, que son totalmente ignoradas.

Hay multinacionales que tienen más poder económico que muchos países.  Pero su gran tamaño también es una debilidad, porque cuando tienes un barco muy grande, como el Titanic, un unos pocos grados de cambio en el rumbo y unos cuantos nudos más, puedes empujar a aquella gran estructura hacia el desastre, y mientras más grandes son, más duro caen, y de allí la frase "too big to succeed".

Igual que los gobiernos, las empresas multinacionales podrían requerir de mecanismos de rendición de cuentas, control de la corrupción, prevención de la avaricia y maneras de desarticular el poder absoluto.  Recordemos que la misma sociedad que produce a los que gobiernan los países, produce también a los que gobiernan en las empresas, y así, cuando un país se maneja mal, existe el riesgo de que la idiosincrasia vigente empuje también un mal manejo empresarial muy similar.

Y así, de la misma manera en que se hunden los imperios, las multinacionales pueden hundirse también.

 

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