Expectativas y principios básicos de inversión.


 
                                                                                Con cariño para Jesús Fernando Díaz Mondragón.
 
Introducción
 
La inversión financiera implica el conocimiento sobre el funcionamiento de los mercados y productos financieros. Por definición, se busca obtener un valor agregado que particularmente en las inversiones bursátiles se expresa como un rendimiento positivo, porque en caso contrario, se incurre en una pérdida.
Se obtiene fundamentalmente por la ganancia de capital, pero como hemos explicado en textos anteriores, también está el pago de dividendos o las utilidades por acción, que, en todo caso, siempre estará supeditada a una utilidad obtenida por la empresa emisora.
La intermediación bursátil es muy simple, se compra barato y se vende caro si se desea obtener una ganancia de capital, el riesgo está en comprar caro y tener que vender barato porque en tal caso, se pierde el capital. Los analistas bursátiles no tienen una bola de cristal que adivine el futuro, no hay texto milagroso que dé la respuesta exacta de cuando un valor está barato y cuándo está caro, así es que, sin duda, la práctica hace al maestro. Pero para practicar se necesita adquirir la teoría esencial que permita comprender e interpretar los datos financieros, económicos y bursátiles, para así anticiparse a los movimientos de cambio de tendencia.
En este artículo les presentamos los elementos básicos relativos a las expectativas y a los dos principios básicos de inversión, que tenemos que conocer, comprender y manejar adecuadamente para poder iniciarnos en el mundo de las inversiones bursátiles.
 
Expectativas y Principios básicos de inversión.
 
En cualquier lugar del mundo, los mercados financieros funcionan a través de dos elementos fundamentales: la confianza y las expectativas.
La confianza se genera a través de la construcción de un mercado formal compuesto por instituciones constituidas legalmente, un marco legal que regule su mecánica operativa, lo supervise y en su caso lo sancione.
Las expectativas son producidas por cada uno de los agentes económicos que emiten o invierten, las cuales se basan de manera regular en la misma información, pero la interpretación que hacen sobre ella es diferente y opuesta. Así, una crisis por lo regular ahuyenta a los inversionistas novatos y provoca una expectativa de venta, en tanto, que los conocedores interpretan la mala época financiera como una oportunidad y por ello compran con la confianza de que en el futuro el activo barato volverá a subir de precio, obteniendo así un beneficio económico. Económicamente hablando las expectativas son parte del determinante de la cantidad demandada conocido como gustos y preferencias.
Sin importar la nacionalidad y el tipo de moneda que se utilice, los inversionistas que adquieren activos financieros esperan obtener un rendimiento, el cual se expresa como porcentaje, eliminando así la necesidad de valorar para cada una de las monedas existentes. Chinos, japoneses, españoles, mexicanos, portugueses, brasileños, colombianos, hondureños o cualquier inversor al elegir entre dos activos, uno que pague 10% y otro que ofrezca el 50%, es un hecho que preferirá este último. Está situación parece natural y responde a la lógica de racionalidad de los agentes económicos.
En la práctica sin embargo, observamos que los bancos a través de sus distintos productos pueden ofrecer intereses distintos y la lógica indicaría que los agentes económicos que ahorren o inviertan sus recursos monetarios elegirán aquel que pague más, pero no es así, siempre hay quien elige la institución financiera que paga el menor interés. ¿Por qué lo hacen? De igual manera podríamos preguntarnos, ¿Por qué no todos invierten en bolsa si la expectativa de obtener un rendimiento es mayor, que aquel que puede ofrecer un banco?
La respuesta a estas interrogantes es relativamente sencilla, porque el rendimiento no es el único elemento que valoran los agentes económicos para tomar sus decisiones de inversión, existen otros conceptos fundamentales que toman en cuenta para tal efecto, entre ellos están; la liquidez, el plazo y el riesgo.
La liquidez representa la capacidad de pago inmediato que pueden tener los individuos y por ello buscan activos o alternativas de inversión que cumplan este propósito, por esta razón hay quien deposita su dinero en una cuenta de cheques o de ahorros sin importar que éstas paguen la tasa de interés más baja del mercado o que el monto mínimo para no pagar comisiones sea elevado o que precisamente las comisiones sean muy altas, porque no buscan rendimiento, en cambio, la disponibilidad inmediata de su dinero. Para muchas personas, poder disponer de efectivo a cualquier hora del día a través de un cajero automático resulta indispensable para elegir el producto bancario. Para otros, basta con tener disponibilidad cada semana y para muchos otros, los plazos de seis, doce o más meses es lo adecuado, por lo que la liquidez no es un elemento importante.
De entrada, podríamos formular como principio el hecho de que activos con alta liquidez pagan una tasa de interés baja, pero no es así, hay otros instrumentos financieros que tienen la misma liquidez y sin embargo su interés es elevado e incluso puede servir como parámetro para fijar el nivel de las tasas de interés en su conjunto. En México es el caso de los Certificados de la Tesorería de la Federación cuya liquidez puede ser diaria y su rendimiento se utiliza para establecer el monto del resto de las tasas de interés que existen en el mercado mexicano. También hay fondos de inversión de deuda o de renta variable, entre otros, con liquidación diaria y cuyos rendimientos esperados son mayores a los que pagan las instituciones bancarias. Sin embargo, el panorama es distinto, para invertir en CETES el monto es mayor al solicitado por un banco, la inversión en fondos por su parte no tiene las comodidades de los bancos como son un gran número de sucursales, no hay disposición en cajeros automáticos de la propia institución o de otros bancos, solamente se puede solicitar el dinero en la oficina donde se firmó el contrato.
El mercado estadounidense tiene como ejemplo los Treasury Bills (T-bills) que se emiten en plazos menores a un año, pero también por la existencia de un mercado secundario se pueden comprar y vender diariamente, por lo que su liquidez es inmediata.
Generalmente en otros países como España, Brasil, Honduras, Colombia y muchos más son precisamente las Letras del Tesoro los activos que se utilizan como referencia y representan los de mayor liquidez y con menor riesgo.
El activo más liquido en el mundo es el dinero físico, es decir, los billetes y monedas, pero cuando se movilizan grandes recursos es natural que no se desea la posesión física, sino las transferencias o medios de pago que se puedan realizar, por ello, es tan liquido tener dinero como una tarjeta de débito (suponiendo por supuesto que el poseedor tiene dinero en el banco), pero un cheque si bien es universalmente aceptado, existen casos específicos en que los vendedores no lo aceptan como medio de pago y por lo tanto, su grado de liquidez varía en cuanto a los billetes y monedas o las tarjetas de débito, de hecho, en el mundo se ha promovido la desaparición de este medio y se han impulsado los medios electrónicos.
En el mercado de valores o la compra de activos reales o financieros la liquidez la representa la capacidad que tiene el título o activo en transformarse de un valor futuro a un valor presente. Así, una acción emitida por AT&T, Repsol, Telmex, Banco Atlántida o Facebook tienen demandas distintas y por ende, puede ser que un agente económico quiera comprar pero no exista quien quiera vender y viceversa, en este sentido, el poseedor del activo puede tardar un tiempo considerable en convertir su activo en efectivo. En este sentido hay acciones que pueden cambiar su precio en minutos (lo que representó que hubo una nueva compra - venta a precio diferente al anterior) y otras que pueden tardar meses en hacerlo.
Los mercados de Estados Unidos, Europa y Asía tienen una importante oferta de activos patrimoniales o de deuda, la cual es correspondida por una fuerte demanda de inversionistas de todo el mundo. En este sentido son mercados más líquidos que pequeñas bolsas como la de Costa Rica o la centroamericana, dado que estás ultimas además de una baja oferta de acciones, los inversionistas prefieren los títulos de deuda. En Estados Unidos hay más de cinco mil acciones negociadas, en tanto que en Costa Rica se comercian menos de cincuenta acciones y el volumen de negociación diaria, en diciembre del 2011, en deuda era de más de veintiún millones de dólares, en tanto que en acciones no superaba los seiscientos mil dólares americanos.
Contar con liquidez representa la posibilidad de aprovechar las oportunidades que se lleguen a presentar de comprar cualquier bien o activo. Los billetes y monedas son los activos con mayor valor presente, pero su valor futuro es cero, dado que con el paso del tiempo desaparecen y por el proceso de aumento de precios pierden su poder adquisitivo. El oro, la plata, las acciones, bienes inmuebles y muchos otros activos pueden tener un alto valor futuro, pero bajo o nulo valor presente. 
En resumen, cualquiera que sea la razón, la liquidez se puede desear o necesitar y ello varía, dependiendo de las circunstancias específicas de cada agente económico y situación coyuntural, por lo que no se puede formular un principio básico de inversión al respecto, pero si es uno de los elementos que debe valorar en función de sus características propias.
Respecto al plazo si existe un principio básico y lo podemos formular así; a mayor plazo mayor rendimiento y a menor plazo menor rendimiento. Así, cuando opte por una inversión de 7, 14 o 28 días debe recordar que habrá otras alternativas que le paguen más pero el plazo de vencimiento será mayor. Existen algunas opciones en las que por ningún motivo podrá hacer uso de su dinero sino hasta la fecha señalada (por ejemplo, los pagarés a plazos en los bancos) y otras tendrá la posibilidad de disposición diaria (como los fondos de inversión), pero en todos los casos le aplicarán el rendimiento por los días invertidos y por lo tanto no obtendrá el interés nominal pactado al plazo señalado.
Uno de los primeros elementos importantes a valorar es el horizonte temporal en el que hará su inversión. A partir de su definición podrá conocer en que activos financieros invertirá, si ha optado por el corto plazo lo recomendable son instrumentos de deuda o acciones poco volátiles y con expectativas al alza, en cambio, si decidió por invertir por más de un año el abanico de posibilidades se amplia y seguramente generará mayores rendimientos que las de corto plazo.
Retomando nuestro ejemplo de una inversión que pague el 10% y otra el 50%, estarían asociados a un menor y mayor plazo respectivamente. En la figura 1 mostramos los intereses que se ofrecían al final del 2011 en tres plazas específicas y en los cuadros correspondientes podremos observar que efectivamente a menores plazos corresponden menores rendimientos y entre mayor el rendimiento mayor es el plazo. Con dicha información se puede graficar lo que se conoce como estructura temporal de tipos o tasas de interés (ETTI) y que muestran la tendencia actual de los rendimientos. En la figura mostramos el caso solo de Estados Unidos de América.
 
Figura 1 Estructura temporal de tasas de interés en Estados Unidos, México y España


Fuente: Instituto de Asesoría en Finanzas Internacionales (IAFI) con información del Departamento del Tesoro, el Banco de México y el Banco de España. La gráfica fue tomada de Yahoo-finance.
 
 
De manera regular se explica que para obtener elevados rendimientos en el mercado de acciones hay que mantenerse varios años, de hecho, es posible asegurar que, dado que a lo largo del tiempo los precios siempre suben, aquellos que se mantengan invariablemente obtendrán un alto rendimiento, dado que el premio que se otorga en el largo plazo es mayor. Bajo este razonamiento entonces, una cartera de inversión siempre debe tener una elevada proporción en activos de largo plazo, sin embargo, ello no siempre es así, dado que la magnitud del premio por riesgo es igual por unidad de tiempo, cualquiera que sea el plazo de inversión.
En este sentido, los agentes económicos al valorar el tiempo en que permanecerán en una inversión deben de reflexionar en torno a dos interrogantes, ¿Cuánto tiempo pueden pasar sin necesitar recursos monetarios? ¿Cuáles son las tendencias de los intereses de referencia? ¿Qué perspectivas sobre su rendimiento tiene el mercado y/o activo en que se invierte? ¿En cuánto tiempo se podría obtener un rendimiento real positivo? 
Por otra parte, el posible rendimiento de cualquier activo se encuentra asociado a un determinado nivel de riesgo y naturalmente a riesgos diferentes. En este sentido, si los activos de largo plazo otorgan un mayor rendimiento en principio podemos asumir que también son más riesgosas, pero ello, no siempre es así. De hecho, en los procesos especulativos los inversionistas consideran que las opciones de menor plazo pueden obtener mayores rendimientos y por ello, aumentan la demanda propiciando el aumento en los precios, que a la postre volverán a su nivel o por debajo del mismo ocasionando una gran pérdida. 
Estas situaciones en el largo y corto plazo no son reglas, por lo que debemos entender que el plazo no es el factor determinante del riesgo, es uno de ellos, pero no el único.
El segundo principio básico de inversión reza así; a mayor rendimiento deseado mayor riesgo asociado y a menor riesgo deseado menor rendimiento asociado. Todos los mercados y los activos que se negocian en ellos están expuestos a uno o más riesgos y de facto, entre mayor sea el riesgo los inversionistas demandarán un mayor premio. En tanto, que aquellos activos que se expongan a bajos riesgos podrán ofrecer la seguridad de obtener un beneficio monetario y por lo mismo, el rendimiento prometido sea bajo. En este sentido, es el inversionista quien debe decidir y no una característica inherente a los instrumentos.
Así, hay instrumentos en teoría sin diferencias, tal es el caso de las acciones, de los fondos de inversión o de las opciones, entre muchos otros; sin embargo, no es lo mismo invertir en acciones de Teléfonos de México, Intel, Dataflux, Microsoft, Iberdrola, Repsol o Microsoft las cuales son negociadas en distintas bolsas, así como tampoco lo es, invertir en fondos de inversión ofrecidos por Citibank, BBVA, Santander, Actinver, Banco Atlantida o cualquier otro banco de inversión en el mundo. Todos los activos financieros sin importar en que país se ofrezcan tienen asociado un rendimiento y un riesgo, pero son los agentes económicos los que deciden en función de sus expectativas y necesidades en cuál de ellos invertir.
Para los inversionistas cuyo interés primordial es obtener el mayor rendimiento posible el riesgo es un factor secundario y por ello aceptan que sea mayor si con ello cumplen su meta de ganar más, por el contrario, quienes buscan seguridad pedirán el menor riesgo posible sin importarles que su beneficio sea menor al de otras alternativas.
Para muchos es posible que crean que el teorema de maximizar rendimientos esperados y minimizar riesgo sea lo óptimo, pero no es así, siempre habrá quien desee ganar lo más posible y quien prefiera ganar poco, pero con un riesgo bajo.
No debemos sin embargo rechazar que efectivamente la mayoría querría ganar lo más posible con el menor riesgo asociado, está situación es poco común que se presente y si existe la respuesta lógica de los inversionistas es invertir en ella con lo cual su demanda sería tan alta que se volvería muy costosa. En términos simples, si todos conociéramos donde se encuentra la cueva de Ali – Baba y la palabra clave “ábrete sésamo”, es posible que la segunda persona en entrar ya no encontraría ningún tesoro, menos aún el resto de los visitantes.
Expectativas contrarias propician la formación de mercados y variaciones de precios. Cualquier mercado ofrece sobre sus activos toda la información en cuanto a precios, cantidades y características específicas. Así, el oro sin importar si se compra en España, China, Luxemburgo, Australia o México es el mismo activo, la información que se genera y ofrece es la misma para todos. La interpretación y expectativas que se genere será particular para cada agente económico y para algunos su precio futuro bajará y para otros aumentará. En los primeros por lo tanto se preferirá vender (si ya se posee el activo) o no invertir (si se analizaba la posibilidad de entrar), porque nadie desea tener un activo que bajará de precio respecto al que se compró o puede comprar y que en el futuro sea menor. Aquellos que tengan expectativas alcistas tomarán la decisión de comprar o mantener (si es que no se tiene posibilidad de aumentar la inversión), dado que se esperaría obtener un beneficio económico. Este proceso ocurre también para los bienes inmuebles y naturalmente para las acciones.
Por lo tanto, una de las claves para tener éxito al invertir es tener plena conciencia y conocimiento de la relación rendimiento – riesgo que estamos dispuestos a asumir y recordar que uno de los principios económicos dicta que no hay nada gratis, refiriéndose a que invertir en un activo significa dejar de invertir en otro, para toda decisión de inversión se asocia un costo de oportunidad.
La figura 2 nos muestra una pirámide que permite apreciar más la relación riesgo – rendimiento, en donde la punta de la pirámide representa lo más riesgoso, pero más rentable y la base los activos que más seguridad ofrecen a su tenedor, pero también el rendimiento más bajo.
 
Figura 2 Pirámide en la relación riesgo-rendimiento de activos comunes.
 
 
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Recuerde que nuestro trabajo no es convertirlo en un economista o financiero experto, pero si apoyarlo para que incremente su educación económica y financiera, facilitando la comprensión del funcionamiento de los mercados y sus instrumentos, logrando mejores decisiones de inversión y financiamiento, en beneficio de su economía.
Confiamos que este artículo les haya sido útil y esperamos sus comentarios al respecto, con el propósito de mejorar en los futuros temas a exponer.
 
 
Bibliografía, hemerografía y leyes consultadas.
 
Díaz Mondragón, Manuel y Vázquez Carrillo, Nitzia (2016) Sistema financiero mexicano. Editorial Trillas. México.
Díaz Mondragón, Manuel y Vázquez Carrillo, Nitzia. (2014) Mercados financieros internacionales. Editorial Trillas. México.
Díaz Mondragón, Manuel. (2004) Invierta con éxito en la bolsa y otros mercados financieros. Editorial Gasca – Sicco. México.
Díaz Mondragón, Manuel. (2016) Portafolios de inversión. Editorial Trillas. México.
Glen, Arnold. (2015) Conocer los mercados financieros. Editorial Trillas. México.

Ley del mercado de valores la cual puede recuperar en el siguiente link: http://www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/pdf/LMV_090119.pdf
Vázquez Carrillo, Nitzia y Díaz Mondragón, Manuel. (2013) Normas internacionales de información financiera; principios y ejercicios avanzados de contabilidad global. Editorial PROFIT. México.
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