La economía chilena terminó el 2019 creciendo, pero menos de lo inicialmente esperado

La economía chilena terminó el 2019 creciendo, pero menos de lo inicialmente esperado

A la vista de los últimos datos, el crecimiento chileno deja notas agridulces. Por un lado, los analistas apuntaban a un decrecimiento de medio punto para este año en medio de las protestas, por otro lado, el crecimiento final del Índice Mensual de Actividades Económicas arrojó para diciembre del año pasado un crecimiento con respecto al diciembre anterior del 1,1%, una sorpresa positiva en medio de tanta zozobra.

 

La economía chilena terminó el 2019 creciendo, pero menos de lo inicialmente esperado

A la espera de que el Banco Central informe de los datos definitivos, las estimaciones sitúan el crecimiento en menos de la mitad de lo inicialmente proyectado, que era del 2,5% y parece que no pasará del 1,2%. De confirmarse esta cifra supondría el desempeño más pobre de la economía chilena durante la última década, precisamente en un momento en el que la paz social se encuentra en uno de sus momentos más difíciles de los últimos tiempos y el vanagloriado sistema chileno se encuentra en la picota de los manifestantes.

 

Por otro lado, si decidimos mirar el asunto con el cristal de color rosa, el país sigue contando con las riquezas naturales con las que está bendecida de forma tan desigual Latinoamérica, aunque vistas las cotizaciones de algunas materias primas nace la duda de si vale más la pena operar con sus precios en brókeres como easyMarkets o si es el momento para invertir en ellas.

 

Un modelo cuestionado 

Tomado como ejemplo por liberales de todo el mundo, el modelo chileno está entrando en un periodo de gran contestación en los últimos años. Gran parte de su deslegitimación puede proceder de que su gestación y nacimiento se produjo durante la dictadura del general Pinochet, cuando con la inflación desbocada y la economía nacional en estado catatónico se vislumbró una oportunidad de oro para dar un giro de 180 grados al modelo.

Los Chicago Boys, discípulos de los economistas Arnold Harberger y Milton Friedman, se encargaron de dar forma a un modelo que ha imperado más o menos intacto en Chile hasta nuestros días, dando lugar a lo que muchos han llamado el milagro chileno.

Uno de los puntos más polémicos fue la creación del economista José Piñera Echenique que privatizaba las pensiones. El dinero destinado a la jubilación sería gestionado por entidades privadas y cada trabajador decidiría cuanto quería aportar en el presente para asegurarse un futuro. En el 2008 se decidió subsidiar a las jubilaciones más modestas, pasando las pensiones de ser totalmente privadas a conformarse como un “sistema integrado”. 

Pero lo que muchos chilenos se cuestionan es ¿deberían cargarse las pensiones a las cuentas del estado o continúa siendo válido un sistema que prima el ahorro durante nuestra vida laboral?

 

Otros modelos

¿Cómo es la situación en otras naciones hispanas? Pongamos como ejemplo el modelo de reparto español. La pensión de jubilación media en España es de 1.144,61 euros, lo que equivale a 1.239,80 dólares, pero requiere una contribución de los trabajadores casi tres veces mayor de la contribución que realizan los trabajadores chilenos para su propia jubilación (en España las empresas aportan el 23,6% del sueldo de trabajador a la Seguridad Social y el trabajador otro 4,7%, en Chile el mínimo es del 10% del salario) y es por ello que muchos cuestionan la ineficacia de modelo de reparto español, retrae muchos recursos para lo que finalmente reciben los jubilados. Nuestros vecinos de la Argentina adolecen de ciertos problemas similares al modelo español, el número de pensionistas es muy similar (cerca de 9 millones de personas) y las aportaciones no cubren ni lejanamente el dinero que perciben globalmente los jubilados.

En Brasil, la gran economía latinoamericana, Bolsonaro aprobó en octubre del pasado año una ley que debería hacer sostenibles las pensiones y ahorrar durante los próximos diez años cerca de 800 000 millones de reales. Una de las medidas más acuciantes, e impopulares, es la de fijar una edad de jubilación, hasta ahora inexistente, lo que hacía que los jubilados brasileños fueran de los más jóvenes del mundo. Ahora deberán tener 62 años de edad y 15 de cotización ellas y 65 años de edad y 20 de cotización ellos, salvo en el caso de trabajadores del campo, en los que deberán contar con un mínimo de 55 años las mujeres y 60 los hombres, en ambos casos con 15 años de cotización. Docentes y fuerzas de seguridad por su parte se jubilarán también entre los 55 y los 60 años como norma general.

 

Aunque aún falta mucho por concretar, el presidente Piñera anunció cambios en el sistema de pensiones chileno, de momento la propuesta ya cuenta con un aumento en la cotización que aportarán los trabajadores, que pasará del 10% actual a un 16%, un 3% del cual irá destinado a un Fondo de Ahorro Colectivo y Solidario.

 

 

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